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En Progreso

La Música Ritual Chamánica en Corea

por Lee Yong-shik



Capítulo 7. Cantos Sagrados: Manse Baji

6. Conclusión


Básicamente, en los rituales chamánicos de Hwanghae se interpretan tres tipos de jangdan. En primer lugar, está el manse baji jangdan, un ritmo asimétrico de diez tiempos en la secuencia 2+3+2+3. Este jangdan de tempo moderado acompaña al canto de bienvenida más frecuente, el Manse baji. Este ritmo asimétrico, estrechamente relacionado con la religiosidad, proviene de la estructura rítmica más antigua de Corea y la conserva (Yi H.G. 1985: 375), la cual difiere de la música de los pueblos vecinos. El Gin manse jangdan es un jangdan lento de doce tiempos, notado como 12/8. Muchas canciones chamánicas y folclóricas tienen esta organización básica, aunque difieren en cuanto a la velocidad y el patrón de percusión. El contexto de la interpretación, más que el ritmo en sí, es lo que determina cómo los chamanes de Hwanghae distinguen un jangdan de otro. Este ritmo de doce tiempos es el más común en la música chamánica de Hwanghae, así como en otros géneros musicales coreanos, y es una de las principales características que distinguen la música coreana de la china y japonesa, donde predomina el compás binario (Provine 2002b: 841). El jajin manse jangdan es un jangdan rápido de cuatro tiempos, generalmente anotado como 4/4. Este jangdan se interpreta para invocar a deidades menores o para despedirlas. En resumen, en las canciones chamánicas de Hwanghae existe una marcada diferenciación rítmica tripartita de tempos lentos, medios y rápidos: gin (lento) manse jangdan, manse baji jangdan (medio) y jajin (rápido) manse jangdan.


Las canciones manse baji son composiciones estrictamente formalizadas y sencillas que buscan ser eficaces sin comprometer la sacralidad del ritual. Dado que los cantos constituyen un código comunicativo para invocar a las deidades, chamán/chamana intenta transmitir los textos con la mayor claridad posible mediante el canto silábico. Canta con un número limitado de frases melódicas, dentro de un rango de una octava, con movimientos graduales dentro de la estructura tonal pentatónica (llamada gyeong tori, presente en la mayoría de los cantos chamánicos y folclóricos de la región central) y en repetición. El acompañante del tambor janggu minimiza la creatividad artística al interpretar el patrón básico de percusión con la menor improvisación posible a lo largo de la canción.